lunes, 27 de mayo de 2013

Último capítulo (II): La abeja Maya

¿Quién no se acuerda de La abeja Maya? (Es Maya y no Malla, con lo cual podemos descartar cualquier parentesco con el cantante, por suerte… para la abeja) Esa maravillosa serie de dibujos animados que nos cuenta las aventuras de una simpática abejita en un mundo plagado de bichitos como el zángano Willi, el saltamontes Flip, la araña Tecla o el Piojo López. 

En el último capítulo de La abeja Maya, nuestra querida Maya ya está casada con Willi y dispuesta a suceder a la abeja reina en la colmena. Sin embargo Maya ignora que Willi, el muy zángano, ha estado cobrando por servicios de polinización que realmente no había realizado. Bueno… en realidad ignorar lo que se dice ignorar… iban todo el tiempo juntos, vio como cobraba las facturas y el dinero para pagar el enorme panal donde vivían tenía que haber salido de algún lado. Pero bueno, el caso es que a pesar de que toda la colmena está convencida que tanto Willi como Maya son culpables, la reina presiona a la abeja juez para que ni siquiera juzguen a Maya con lo que al final no hay ningún problema para que Maya sea proclamada abeja reina cuando ésta muere. Mientras tanto Willi es condenado al destierro a otra colmena donde le dan un puesto en la selección colmenar de balonmano. 


jueves, 23 de mayo de 2013

Último capítulo (I): Los Pitufos

Todos las hemos visto: El Equipo A, Dragones y Mazmorras, La abeja Malla… Son series míticas de la televisión pero, ¿alguien recuerda cómo terminaron? ¿Por qué hemos borrado de nuestras mentes el último capítulo de estas joyas de la caja tonta? Como no quiero que os quedéis con esa sensación de olvido y pérdida voy a contaros en varios fascículos y totalmente gratis (excepto la voluntad) los finales de las series favoritas de vuestra infancia y no tan infancia si ya eres un poco mayor… 

 Voy a empezar nada más y nada menos por esa serie de unos personajes muy pequeños… No, no es Fragel Rock, es de dibujos animados… No, no son Los Diminutos, viven en el bosque y llevan un gorro… Noooo, que no es David el gnomo, son azules… Sí, ¡ya lo sabes! ¿Qué? ¿Qué podía haber empezado por ahí? ¿Es que no has leído el título del post? 

Los Pitufos es una serie de dibujos animados (en original se llamaba Les Schtroumpfs, pero tuvieron que cambiarle el nombre porque muchos niños se atragantaron al intentar reproducir dicho nombre) donde unos divertidos seres azules luchan por mantener en secreto su comunidad del malvado Gargamel, una especie de cocinero innovador que quiere incluirlos en su menú para conseguir una estrella Michelín. En el último capítulo de Los Pitufos la crisis se ceba en la comunidad pitufa. Gargamel ha capturado a la gran mayoría de los pitufos y, lo que es especialmente sangrante, a Pitufina. Gargamel va a preparar unas tostas de cebolla caramelizada con vino moscatel y vinagre de Módena con ducha de crema de queso camembert, virutas de pitufo y alcaparras, pero Papá Pitufo no parece especialmente preocupado y llega a decir que tiene la receta contra la crisis, aunque parece claro que la receta la tenía Gargamel… 

En fin, llega un momento en que la situación es desesperada y Gargamel ya tiene en la mano a Pitufina para rallarla en su nuevo rallador que ha comprado en Ikea, en ese momento alguien se enfrenta a Papá Pitufo. Se trata del pitufo deportista-facha y le llega a decir que no puede entender esa lánguida resignación y que hay que actuar, los demás pitufos se revelan con él y van a salvar a los pitufos capturados. Finalmente pueden salvar a unos pocos pitufos (los que no han sido devorados ya por los afortunados comensales del Restaurante Gargamel) y la comunidad pitufa elige al pitufo deportista-facha como nuevo líder. Sin embargo Pitufina ha muerto y el nuevo líder no cree en la adopción en las familias monoparentales con lo que es el fin de la comunidad pitufa.

jueves, 11 de abril de 2013

Imaginación explorer

Un niño que navega por internet a través de su imaginación, a pesar de tener en su casa un ordenador con banda ancha. 


Pero no alabéis tanto su imaginación, en realidad solo imagina entrar en páginas aburridas como la de la Seguridad Social o la Agencia Tributaria.
 

miércoles, 10 de abril de 2013

Lo llaman democracia y no lo es (es un semáforo)

La situación actual es como volver en coche del trabajo a tu casa (salvo porque no tienes trabajo y te van a echar de tu casa) y llegar al semáforo que siempre te toca en verde o que si está en rojo tarda poco en ponerse en verde y encontrártelo en rojo y que no cambie.

Es como tener paciencia, aguardar con entereza a que el semáforo cambie, porque siempre has sido muy respetuoso con la ley, a pesar de que sea evidente que está estropeado (o algo) y no lo hace. Escuchar los pitidos detrás de ti y ver como los coches atraviesan sin piedad delante de ti, en la perpendicular de ese cruce que el semáforo supuestamente regula.

Es igual que llamar a tráfico desesperado un par de horas después, sin haber podido atravesar el semáforo todavía y que te digan que según su sistema informático y sus datos el semáforo funciona perfectamente y que no sea impaciente que en algún momento se pondrá en verde.

Es terriblemente parecido a que intentes, muy despacio y con mucho cuidado, saltarte el semáforo porque tienes hambre y sueño y quieres llegar ya a tu casa porque llevas horas en esa situación y nada parece cambiar y que la policía te detenga por ello y te aplique la ley antiterrorista.

martes, 2 de abril de 2013

Medicina alternativa

Recientes estudios demuestran que la gente adinerada tiene menos problemas de salud, viven más años y sufren menos enfermedades graves. 

La idea es que se utilice como remedio para curar el ofrecer grandes cantidades de dinero al enfermo si éste se restablece. Hablo de enfermedades terminales en su última fase, no de un resfriado cualquiera, por ejemplo ofrecer 10 millones de euros a un enfermo de cáncer terminal con metástasis. Lograr que el cuerpo genere respuestas sobrenaturales con tal de conseguir ese dinero, que el olor a billetes de 500 € te haga segregar las hormonas, actuar las encimas necesarias y potenciar los propios anticuerpos. 

¿Despilfarrar en sanidad? Joder, estás salvando una vida y eso tiene un valor incalculable y además solo gastas el dinero si realmente curas a la persona.

martes, 26 de marzo de 2013

Reflexión acerca de las "hormigas zombis"


Se ha descubierto hace poco. Al parecer hay un hongo en la selva tailandesa que es capaz de convertir en “zombis” a las hormigas que infecta. Una vez que el hongo entra en el cuerpo de la hormiga, ésta empieza a andar sin rumbo, alejándose del camino marcado por el resto de sus compañeras. Poco después la hormiga se aferra a la hoja de un árbol donde el hongo crece y suelta sus esporas para infectar a más hormigas y continuar el proceso.

Pobre hormiga, ¿no? De repente controlada por un ser ajeno a ella. Aunque a mí por lo menos me surge la duda moral. ¿Era más zombi antes o ahora? Al fin y al cabo antes era una hormiga más, trabajando sin parar como el resto de sus compañeras para la hormiga reina, siguiendo siempre el mismo camino, haciendo siempre las mismas cosas. ¿Qué es mejor? ¿Ser controlado por una especie extraña o estar controlado por tu propia naturaleza y tu propio instinto?

En mi opinión da igual, es un error cualquiera de las dos opciones. Valiente mierda ser hormiga.

jueves, 21 de marzo de 2013

El cazador cazado


Pedro entró en el bar donde había estado apenas hacía dos horas. Se preguntaba si le reconocerían mientras se limpiaba las palmas de las manos de sudor en los laterales de sus pantalones vaqueros. Observó aliviado que el local estaba prácticamente vacío después de todo el bullicio que se formaba a la hora de comer, sin embargo la camarera que lo atendió seguía allí, fregando unos vasos. Tenía la esperanza de que ya hubiera terminado su turno. En cuanto levantó la cabeza y lo vio, cesó su cometido y se limpio las manos en el delantal. La fijeza con la que clavaba sus ojos oscuros en Pedro no daba lugar a dudas: lo había reconocido.

-Hola…-dijo Pedro con un gallo, pero después de carraspear un poco siguió con voz algo más firme-. Me he dejado antes la cartera, no sé si la habrán visto…

Pedro sabía que había sido un error. Quería demostrarse a si mismo su lado caradura o sinvergüenza y por eso lo había hecho, pero nunca se había sentido tan mal. Bien mirado tampoco había sido para tanto, el menú del bar era bastante barato y no debía suponer mucho para ellos 6 € más o 6 € menos.

-¿Una cartera? ¿Cómo es? –preguntó la camarera de forma ingenua mientras su dedo índice dedos jugaba con los rizos de su pelo.

La cosa se ponía complicada, se dijo Pedro. Encima la niña quería jugar un poco. ¿Qué quería que le dijera? ¿La cartera que me he dejado aquí olvidada hace un rato porque me he puesto tan nervioso al querer hacer un sin pa -el primer sin pa de mi vida- que me la he dejado encima de la mesa?

-Es una cartera marrón, algo desgastada, tamaño mediano y bueno… tiene mi documentación, así que no cabría duda de que es mía… -dijo por fin Pedro algo titubeante.

-Espera un momento –dijo la camarera con una carcajada.

Seguramente va a  llamar a la policía, pensó Pedro mientras no podía evitar mirar el contoneo de caderas de la camarera dirigiéndose a la cocina. ¿Por qué me pasará esto a mí? Seguramente debería salir corriendo de aquí, ¿pero de qué me serviría? Tienen mi cartera, pueden localizarme en cualquier momento. Lo que es seguro es que ya nunca podré volver a este bar. ¡Qué vergüenza! Encima es una pena porque no es muy caro y la camarera es realmente guapa. Lo cierto es que todo es culpa de las mujeres, siempre les gustan los que tienen un lado gamberro, pero hoy ha quedado claro que yo no valgo para esto.

-Aquí la tienes, guapo –dijo la camarera con un guiño.

-Gra… gracias –dijo Pedro mientras cogía la cartera y salía del local.

¿Sería posible que la camarera no se diera cuenta del sin pa?, se preguntó Pedro. No puede ser. Está claro con su actitud que me recordaba. Quizás es tan buena gente que ha preferido obviarlo. No ha querido formar un escándalo ni meterme en líos. Total, por 6 €. A lo mejor hasta los ha cogido de la cartera.

Pedro abrió la cartera. Sus manos todavía temblaban de los nervios y éstos no le hicieron ver la nota que cayó al suelo junto a un número de teléfono:

A almuerzo te invito yo
pero a cambio invítame a cenar

Pedro no se lo explicaba. El dinero estaba intacto.
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