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jueves, 21 de julio de 2011
jueves, 7 de julio de 2011
Dilema moral
Imaginemos un hombre normal y corriente, con gran fuerza de voluntad, pero en todo lo demás una persona común. Un día, cuando es joven, esa persona comete un delito, un crimen, por ejemplo un asesinato. A partir de ese momento, para que no le involucren en el crimen y porque hay personas cercanas a él que sospechan que él es el asesino, empieza a comportarse de manera modélica, siendo considerado por todos una persona caritativa, generosa y humana. La idea es que durante el resto de su vida y por miedo a que descubran que el asesinato lo cometió él y no por arrepentimiento, esa persona se convierta en una persona buena, ayudando a las viejecitas, a los ciegos y cualquier animal o cosa a cruzar la calle o participando en una ONG donde incluso salve decenas de vidas humanas.
He trazado el siguiente gráfico para explicarlo mejor:

Donde la linea es el grado de maldad-bondad de la persona y el punto rojo el crimen que cometió el sujeto. La idea es que todas las cosas buenas que hizo después del asesinato compensan de alguna manera este y por lo tanto se podría considerar que esa persona ha pagado su deuda con la sociedad. Sin embargo no se arrepiente de lo que hizo y solo se comporta de forma buena para que no sospechen de él. ¿Nos encontramos ante una buena o una mala persona?
sábado, 2 de julio de 2011
Centro de investigaciones sociológicas
Dio un portazo al salir de la consulta.
-No puedo creer que me dejes ahora con el buen trabajo que estábamos realizando -escuchó mientras se alejaba de la puerta.
Pero él buscaba ser su amigo, no su puto centro de investigaciones sociológicas.
miércoles, 29 de junio de 2011
Sueño defectuoso
En el sueño una compañera de trabajo le decía a Ezequiel que iba a ir a la boda de Grecia que se celebraba el 11 de julio. Ello no sorprendió a Ezequiel que ya sospechaba que Grecia tenía novio aunque nunca se lo había dicho a él personalmente y por ello todavía albergaba esperanzas. Ezequiel se dijo que era una buena oportunidad de preguntarle a Grecia por fin por ese chico misterioso. Se sentó en el sofá que curiosamente había aparecido en medio de la oficina y en el que ella estaba sentada, intentando infructuosamente no entrelazar sus piernas con las suyas.
-¿Qué? Me he enterado que te vas a casar…
-Así es –dijo ella con una inmensa sonrisa.
-Bueno… ¿Y quién es él?
-Es de Valladolid y…
-Espera, espera –dijo Ezequiel en el sueño-, no se dice Vallalodid se dice Valladolid, Va-lla-do-lid. ¿Pillas la diferencia? –preguntó a pesar de que Grecia lo había dicho perfectamente, en ese momento Ezequiel se sintió terriblemente pedante.
-Sí, de Va-lla-do-lid –repitió Grecia-. Es un chico tranquilo, callado… -dijo Grecia pensativa, a Ezequiel esos atributos le parecieron curiosos porque eran precisamente los suyos-. Es como Cádiz en octubre.
-Ajá… Me parece muy bien –dijo Ezequiel que no pudo apreciar en todo su esplendor la comparación porque nunca había estado en Cádiz en octubre y, de hecho, nunca había estado en Cádiz-. ¿Y os casáis el 11 de julio? ¿Tan pronto?
-Sí. Estábamos en una freiduría y cogió un calamar frito, me lo puso en el dedo y me pidió que me casase con él. ¿Qué te parece?
-¿Qué me parece? ¿Qué me parece? ¡Es lo más cutre que he oído en mi vida! –gritó Ezequiel exaltado.
-¡Eh! ¡Oye! A mí me pareció bonito.
-Sí, me alegro por ti, me alegro por ambos y lo respeto, pero es lo más cutre que he oído en mi vida –volvió a repetir.
En ese momento se despertó.
-¿Qué? Me he enterado que te vas a casar…
-Así es –dijo ella con una inmensa sonrisa.
-Bueno… ¿Y quién es él?
-Es de Valladolid y…
-Espera, espera –dijo Ezequiel en el sueño-, no se dice Vallalodid se dice Valladolid, Va-lla-do-lid. ¿Pillas la diferencia? –preguntó a pesar de que Grecia lo había dicho perfectamente, en ese momento Ezequiel se sintió terriblemente pedante.
-Sí, de Va-lla-do-lid –repitió Grecia-. Es un chico tranquilo, callado… -dijo Grecia pensativa, a Ezequiel esos atributos le parecieron curiosos porque eran precisamente los suyos-. Es como Cádiz en octubre.
-Ajá… Me parece muy bien –dijo Ezequiel que no pudo apreciar en todo su esplendor la comparación porque nunca había estado en Cádiz en octubre y, de hecho, nunca había estado en Cádiz-. ¿Y os casáis el 11 de julio? ¿Tan pronto?
-Sí. Estábamos en una freiduría y cogió un calamar frito, me lo puso en el dedo y me pidió que me casase con él. ¿Qué te parece?
-¿Qué me parece? ¿Qué me parece? ¡Es lo más cutre que he oído en mi vida! –gritó Ezequiel exaltado.
-¡Eh! ¡Oye! A mí me pareció bonito.
-Sí, me alegro por ti, me alegro por ambos y lo respeto, pero es lo más cutre que he oído en mi vida –volvió a repetir.
En ese momento se despertó.
martes, 28 de junio de 2011
Manzanas (y 3)
Cuando entré de nuevo en el coche oficial no estaba seguro de si debía compartir la información que acababa de obtener de primera mano a mis clientes. Decidí que era algo demasiado importante como para que yo mismo se lo dijera así que se me ocurrió, aprovechando el silencio que estaba provocando el aperitivo, poner la radio.
-¿Les importa si pongo la radio? –dije.
-Me parece que ha tenido usted una excelente idea –dijo el señor presidente mientras engullía su “tigreton”.
Encendí la radio e inmediatamente empezó a sonar la retransmisión de un partido de futbol. Pretendí cambiar de emisora pero el Señor Presidente no estaba muy de acuerdo.
-Dejelo, déjelo, que juega el Madrid –me dijo mientras las ondas hertzianas andaban en busca de la siguiente emisora.
-Pensé que a personas de su responsabilidad les gustaría escuchar las noticias.
-Estamos bastante cansados de eso, además si pasa algo importante Charli nos avisa.
-¡Acaba de marcar Kaká! –dijo Charli.
Estuve esperando a que el partido perdiera el interés pero a Kaká le dio por hacer el partido de su vida y marcar cinco goles. La comitiva que transportaba se encontraba entusiasmada sin saber que se dirigían a una muerte casi segura por ingestión de manzanas envenenadas. La madrastra de Blancanieves seguro que se sentiría satisfecha. Finalmente el guardaespaldas me dijo que cogiera la siguiente salida y llegamos al lugar de destino. Mientras los pasajeros bajaban saqué fuerzas de flaqueza y detuve en el último instante al Señor Presidente, cuando ya los demás habían bajado.
-Señor Presidente.
-Agustín, ya le he dicho que me tutee.
-Perdón Presidente, pero hay algo importante que debe saber antes de comerse esas manzanas.
-Dígame.
-Vera, es por mi compañero, al que estoy sustituyendo en este servicio. Resulta que él comió de esas manzanas y bueno… ahora está muerto.
-¡Ah! ¡Eso! No se preocupe buen hombre, le contaré un pequeño secreto –dijo mientras abría de nuevo su maletín y extraía una manzana de ella-. Traemos nuestras propias manzanas. ¡Acaso creía que íbamos a arriesgarnos! Para que usted vea, en Noruega no solo tienen salmón, también tienen manzanas. ¡Y sanísimas oiga!
-Pero… pero entonces… -logré tartamudear mientras el Señor Presidente cerraba la puerta del coche oficial.
Mientras esperaba a que volvieran busqué las noticias en la radio: “…y a esta hora el señor presidente y la responsable de agricultura se encuentran en Villamanzana de Arriba donde está degustando algunas manzanas de la región, la razón: demostrar que son infundados los rumores de que el exceso de pesticida en las manzanas es lo que ha provocado las decenas de muertes por intoxicación en el país. El último fallecido ha sido un varón de 45 años, conductor de profesión…”.
Me sentía terriblemente angustiado pero lo estuve todavía más cuando el Señor Presidente anunció a bombo y platillo: “…lo que este país necesita es austeridad, desde hoy puedo anunciar la siguiente promesa electoral: si ganamos en las próximas elecciones suprimiré todos los coches oficiales…”.
-¿Les importa si pongo la radio? –dije.
-Me parece que ha tenido usted una excelente idea –dijo el señor presidente mientras engullía su “tigreton”.
Encendí la radio e inmediatamente empezó a sonar la retransmisión de un partido de futbol. Pretendí cambiar de emisora pero el Señor Presidente no estaba muy de acuerdo.
-Dejelo, déjelo, que juega el Madrid –me dijo mientras las ondas hertzianas andaban en busca de la siguiente emisora.
-Pensé que a personas de su responsabilidad les gustaría escuchar las noticias.
-Estamos bastante cansados de eso, además si pasa algo importante Charli nos avisa.
-¡Acaba de marcar Kaká! –dijo Charli.
Estuve esperando a que el partido perdiera el interés pero a Kaká le dio por hacer el partido de su vida y marcar cinco goles. La comitiva que transportaba se encontraba entusiasmada sin saber que se dirigían a una muerte casi segura por ingestión de manzanas envenenadas. La madrastra de Blancanieves seguro que se sentiría satisfecha. Finalmente el guardaespaldas me dijo que cogiera la siguiente salida y llegamos al lugar de destino. Mientras los pasajeros bajaban saqué fuerzas de flaqueza y detuve en el último instante al Señor Presidente, cuando ya los demás habían bajado.
-Señor Presidente.
-Agustín, ya le he dicho que me tutee.
-Perdón Presidente, pero hay algo importante que debe saber antes de comerse esas manzanas.
-Dígame.
-Vera, es por mi compañero, al que estoy sustituyendo en este servicio. Resulta que él comió de esas manzanas y bueno… ahora está muerto.
-¡Ah! ¡Eso! No se preocupe buen hombre, le contaré un pequeño secreto –dijo mientras abría de nuevo su maletín y extraía una manzana de ella-. Traemos nuestras propias manzanas. ¡Acaso creía que íbamos a arriesgarnos! Para que usted vea, en Noruega no solo tienen salmón, también tienen manzanas. ¡Y sanísimas oiga!
-Pero… pero entonces… -logré tartamudear mientras el Señor Presidente cerraba la puerta del coche oficial.
Mientras esperaba a que volvieran busqué las noticias en la radio: “…y a esta hora el señor presidente y la responsable de agricultura se encuentran en Villamanzana de Arriba donde está degustando algunas manzanas de la región, la razón: demostrar que son infundados los rumores de que el exceso de pesticida en las manzanas es lo que ha provocado las decenas de muertes por intoxicación en el país. El último fallecido ha sido un varón de 45 años, conductor de profesión…”.
Me sentía terriblemente angustiado pero lo estuve todavía más cuando el Señor Presidente anunció a bombo y platillo: “…lo que este país necesita es austeridad, desde hoy puedo anunciar la siguiente promesa electoral: si ganamos en las próximas elecciones suprimiré todos los coches oficiales…”.
miércoles, 15 de junio de 2011
Manzanas (2ª parte... habrá más)
Creo que fue al señor presidente a quien se le ocurrió parar en la estación de servicio para comprar algo para picar:
-¡No voy! –dijo el señor presidente poniendo el dedo pulgar en su frente.
-¡No voy! –dijo la responsable de agricultura repitiendo el gesto del señor presidente.
-¡No voy! –dije yo imitándolos, infringiendo con ello las recomendaciones de seguridad al volante.
-¡No voy! –dijeron los asesores y el guardaespaldas casi a la par. No sé a quién le tocaría ir, pero estaba claro que a uno de ellos tres.
-Yo no puedo ir –dijo el guardaespaldas-, tengo que quedarme junto con el señor presidente.
Así que la cosa estaba entre los dos asesores, pero estos se hacían los remolones.
-¿No debería ir el chofer? Digo yo que para eso está –dijo el asesor de la libreta.
-¡Eso! –ratificó Charli.
-No es justo –protesto el señor presidente- el dijo “no voy” antes que vosotros.
-Será mejor que vaya el chofer a no ser que quiera que tweteemos su comportamiento pueril señor presidente –amenazó Charli.
-Lo siento Agustín, te ha tocado –dijo el señor presidente poniendo su mano en mi hombro.
Baje sin protestar a pesar de que aquella actuación me pareció profundamente injusta. Por la ventanilla me dieron un papel con lo que querían y 10 euros y me dirigí a la tienda de la estación de servicio. Por el camino mi móvil comenzó a sonar. Era mi jefe:
-¿Agustín?
-Sí, dime.
-¿Cómo va el servicio?
-Bien, creo que ya queda poco… aunque no me han querido decir dónde vamos exactamente.
-Tu haz todo lo que te digan, son clientes importantes.
-Ya me he dado cuenta.
-Agustín, te llamaba para darte una mala noticia.
-¿Qué ha pasado?
-Se trata de Jose Antonio.
-¿Qué pasa? ¿Ya le han dado el alta?
-No exactamente… De hecho no volverá a trabajar con nosotros.
-¿Por qué? ¿Lo habéis despedido?
-No exactamente… Ha sido tan repentino que no hemos podido despedirnos de él.
-¿Qué?
-Lo que oyes. Ha sido esta misma mañana.
-Pero si era una simple indigestión… o eso me dijisteis esta mañana cuando me llamasteis para cubrirle.
-Lo sé Agustín, pero la cosa era más complicada de lo que creíamos al principio. Parece ser que Jose Antonio había comido una de esas malditas manzanas contaminadas. En fin, que pequeño es el mundo… o algo así era –dijo mi jefe que siempre olvidaba las frases hechas de los funerales-. Cuando vuelvas no olvides pasarte por el tanatorio.
-De acuerdo, allí nos vemos –dije.
Había pensado comprarme una tarta de manzana para acompañar el café pero la noticia me había hecho perder el apetito.
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