miércoles, 29 de junio de 2011

Sueño defectuoso

En el sueño una compañera de trabajo le decía a Ezequiel que iba a ir a la boda de Grecia que se celebraba el 11 de julio. Ello no sorprendió a Ezequiel que ya sospechaba que Grecia tenía novio aunque nunca se lo había dicho a él personalmente y por ello todavía albergaba esperanzas. Ezequiel se dijo que era una buena oportunidad de preguntarle a Grecia por fin por ese chico misterioso. Se sentó en el sofá que curiosamente había aparecido en medio de la oficina y en el que ella estaba sentada, intentando infructuosamente no entrelazar sus piernas con las suyas.
-¿Qué? Me he enterado que te vas a casar…
-Así es –dijo ella con una inmensa sonrisa.
-Bueno… ¿Y quién es él?
-Es de Valladolid y…
-Espera, espera –dijo Ezequiel en el sueño-, no se dice Vallalodid se dice Valladolid, Va-lla-do-lid. ¿Pillas la diferencia? –preguntó a pesar de que Grecia lo había dicho perfectamente, en ese momento Ezequiel se sintió terriblemente pedante.
-Sí, de Va-lla-do-lid –repitió Grecia-. Es un chico tranquilo, callado… -dijo Grecia pensativa, a Ezequiel esos atributos le parecieron curiosos porque eran precisamente los suyos-. Es como Cádiz en octubre.
-Ajá… Me parece muy bien –dijo Ezequiel que no pudo apreciar en todo su esplendor la comparación porque nunca había estado en Cádiz en octubre y, de hecho, nunca había estado en Cádiz-. ¿Y os casáis el 11 de julio? ¿Tan pronto?
-Sí. Estábamos en una freiduría y cogió un calamar frito, me lo puso en el dedo y me pidió que me casase con él. ¿Qué te parece?
-¿Qué me parece? ¿Qué me parece? ¡Es lo más cutre que he oído en mi vida! –gritó Ezequiel exaltado.
-¡Eh! ¡Oye! A mí me pareció bonito.
-Sí, me alegro por ti, me alegro por ambos y lo respeto, pero es lo más cutre que he oído en mi vida –volvió a repetir.
En ese momento se despertó.

martes, 28 de junio de 2011

Manzanas (y 3)

Cuando entré de nuevo en el coche oficial no estaba seguro de si debía compartir la información que acababa de obtener de primera mano a mis clientes. Decidí que era algo demasiado importante como para que yo mismo se lo dijera así que se me ocurrió, aprovechando el silencio que estaba provocando el aperitivo, poner la radio.
-¿Les importa si pongo la radio? –dije.
-Me parece que ha tenido usted una excelente idea –dijo el señor presidente mientras engullía su “tigreton”.
Encendí la radio e inmediatamente empezó a sonar la retransmisión de un partido de futbol. Pretendí cambiar de emisora pero el Señor Presidente no estaba muy de acuerdo.
-Dejelo, déjelo, que juega el Madrid –me dijo mientras las ondas hertzianas andaban en busca de la siguiente emisora.
-Pensé que a personas de su responsabilidad les gustaría escuchar las noticias.
-Estamos bastante cansados de eso, además si pasa algo importante Charli nos avisa.
-¡Acaba de marcar Kaká! –dijo Charli.
Estuve esperando a que el partido perdiera el interés pero a Kaká le dio por hacer el partido de su vida y marcar cinco goles. La comitiva que transportaba se encontraba entusiasmada sin saber que se dirigían a una muerte casi segura por ingestión de manzanas envenenadas. La madrastra de Blancanieves seguro que se sentiría satisfecha. Finalmente el guardaespaldas me dijo que cogiera la siguiente salida y llegamos al lugar de destino. Mientras los pasajeros bajaban saqué fuerzas de flaqueza y detuve en el último instante al Señor Presidente, cuando ya los demás habían bajado.
-Señor Presidente.
-Agustín, ya le he dicho que me tutee.
-Perdón Presidente, pero hay algo importante que debe saber antes de comerse esas manzanas.
-Dígame.
-Vera, es por mi compañero, al que estoy sustituyendo en este servicio. Resulta que él comió de esas manzanas y bueno… ahora está muerto.
-¡Ah! ¡Eso! No se preocupe buen hombre, le contaré un pequeño secreto –dijo mientras abría de nuevo su maletín y extraía una manzana de ella-. Traemos nuestras propias manzanas. ¡Acaso creía que íbamos a arriesgarnos! Para que usted vea, en Noruega no solo tienen salmón, también tienen manzanas. ¡Y sanísimas oiga!
-Pero… pero entonces… -logré tartamudear mientras el Señor Presidente cerraba la puerta del coche oficial.
Mientras esperaba a que volvieran busqué las noticias en la radio: “…y a esta hora el señor presidente y la responsable de agricultura se encuentran en Villamanzana de Arriba donde está degustando algunas manzanas de la región, la razón: demostrar que son infundados los rumores de que el exceso de pesticida en las manzanas es lo que ha provocado las decenas de muertes por intoxicación en el país. El último fallecido ha sido un varón de 45 años, conductor de profesión…”.
Me sentía terriblemente angustiado pero lo estuve todavía más cuando el Señor Presidente anunció a bombo y platillo: “…lo que este país necesita es austeridad, desde hoy puedo anunciar la siguiente promesa electoral: si ganamos en las próximas elecciones suprimiré todos los coches oficiales…”.

miércoles, 15 de junio de 2011

Manzanas (2ª parte... habrá más)

Creo que fue al señor presidente a quien se le ocurrió parar en la estación de servicio para comprar algo para picar:
-¡No voy! –dijo el señor presidente poniendo el dedo pulgar en su frente.
-¡No voy! –dijo la responsable de agricultura repitiendo el gesto del señor presidente.
-¡No voy! –dije yo imitándolos, infringiendo con ello las recomendaciones de seguridad al volante.
-¡No voy! –dijeron los asesores y el guardaespaldas casi a la par. No sé a quién le tocaría ir, pero estaba claro que a uno de ellos tres.
-Yo no puedo ir –dijo el guardaespaldas-, tengo que quedarme junto con el señor presidente.
Así que la cosa estaba entre los dos asesores, pero estos se hacían los remolones.
-¿No debería ir el chofer? Digo yo que para eso está –dijo el asesor de la libreta.
-¡Eso! –ratificó Charli.
-No es justo –protesto el señor presidente- el dijo “no voy” antes que vosotros.
-Será mejor que vaya el chofer a no ser que quiera que tweteemos su comportamiento pueril señor presidente –amenazó Charli.
-Lo siento Agustín, te ha tocado –dijo el señor presidente poniendo su mano en mi hombro.
Baje sin protestar a pesar de que aquella actuación me pareció profundamente injusta. Por la ventanilla me dieron un papel con lo que querían y 10 euros y me dirigí a la tienda de la estación de servicio. Por el camino mi móvil comenzó a sonar. Era mi jefe:
-¿Agustín?
-Sí, dime.
-¿Cómo va el servicio?
-Bien, creo que ya queda poco… aunque no me han querido decir dónde vamos exactamente.
-Tu haz todo lo que te digan, son clientes importantes.
-Ya me he dado cuenta.
-Agustín, te llamaba para darte una mala noticia.
-¿Qué ha pasado?
-Se trata de Jose Antonio.
-¿Qué pasa? ¿Ya le han dado el alta?
-No exactamente… De hecho no volverá a trabajar con nosotros.
-¿Por qué? ¿Lo habéis despedido?
-No exactamente… Ha sido tan repentino que no hemos podido despedirnos de él.
-¿Qué?
-Lo que oyes. Ha sido esta misma mañana.
-Pero si era una simple indigestión… o eso me dijisteis esta mañana cuando me llamasteis para cubrirle.
-Lo sé Agustín, pero la cosa era más complicada de lo que creíamos al principio. Parece ser que Jose Antonio había comido una de esas malditas manzanas contaminadas. En fin, que pequeño es el mundo… o algo así era –dijo mi jefe que siempre olvidaba las frases hechas de los funerales-. Cuando vuelvas no olvides pasarte por el tanatorio.
-De acuerdo, allí nos vemos –dije.
Había pensado comprarme una tarta de manzana para acompañar el café pero la noticia me había hecho perder el apetito.

jueves, 9 de junio de 2011

Matrimonio

Cuando el cura dijo “hasta que la muerte os separe” pensó que exageraba.

miércoles, 8 de junio de 2011

Manzanas

A través del espejo retrovisor podía ver los pasajeros del coche oficial que por primera vez conducía ya que el titular de este tipo de servicios en nuestra empresa estaba de baja. Todos ellos iban muy bien vestido. Uno de ellos es muy conocido y de hecho pienso votarlo en las próximas elecciones, todos se dirigían a él como “señor presidente”. Su aspecto no era tan impresionante como el que se podría prever de verlo por la tele, parecía más bajo, más feo y más viejo, pero era él, sin duda. Los otros tres acompañantes eran, por lo que pude entender, la responsable de agricultura del partido (una señora de unos 40 años muy bien vestida) y los otros debían ser asesores porque su cara no me sonaba de nada y no iban tan bien vestidos, uno de ellos no paraba de tomar notas y el otro iba con un ordenador portátil continuamente encendido. A mi vera iba un guardaespaldas que me guiaba al lugar donde nos dirigíamos. El viaje era bastante largo y aburrido y nos llevaba fuera incluso de la provincia de Madrid. Finalmente el “señor presidente” se dirigió a mí, lo que me permitió entender a donde íbamos y meterme dentro de la conversación:
-¿Le gustan a usted las manzanas?
-Disculpe, ¿se refiere a mí? –contesté.
-Sí, a usted.
-¡Ah! Pues sí, claro que me gustan. Pero ahora con el tema este del pesticida de aquella plantación no las como, ya sabe. Prefiero no arriesgarme.
-No me diga. ¿No le ha dicho a dónde vamos? –dijo dirigiéndose al guardaespaldas.
-No, señor presidente. Las medidas de seguridad no lo permiten.
-Escribe esto –dijo uno de los asesores dirigiéndose al del ordenador- “nuestro candidato rompe el protocolo de seguridad para acercarse al pueblo llano”.
-Ok, voy a twetearlo –contestó el otro.
-Vamos precisamente al huerto de manzanas que dicen que está contaminado -prosiguió el señor presidente-, a comernos unas cuantas para demostrar que no pasa nada y que no tienen nada de malo.
-Eso está muy bien, los políticos deben dar ejemplo. ¡Demonios! ¡Si usted las come yo también las comeré a partir de ahora! –dije quizás exaltándome demasiado.
-Voy a twetear también eso –reflexionó el tipo del ordenador.
-¿Es usted votante nuestro? –continuó el señor presidente que parecía animarle la charla-. Si me lo quiere decir claro, el voto es secreto.
-La verdad es que sí que pienso votar por usted. Además según las encuestas este año va usted a arrasar. ¿No es así señor presidente?
-¡Oh! Por favor, tutéeme, llámeme simplemente presidente. Y en cuanto a lo que dice, es cierto que las encuestas nos dan como favoritos pero las encuestas son solo eso, encuestas. Por ejemplo, si hiciéramos una encuesta en este coche saldría un 100 % de votos a mi favor, yo nunca las he visto muy fiables…
-“El señor presidente no se fía de las encuestas y anima a todos los ciudadanos a ir a votar”. Escribe eso Charli, pero ponlo en el Facebook –dijo uno de los asesores.
-Ok –contestó Charli, que así parecía llamarse el tipo del ordenador.
La responsable de agricultura que hasta ese momento estaba ajena completamente a la conversación absorta mirando el paisaje participó por fin con un contundente y escueto:
-A mí no me gustan las manzanas –que no le hizo despegar la mirada de los huevos del toro de Osborne que en ese momento dominaba la cumbre de la árida colina.
-¿Tweteo también eso?
-No Charli.
-Ana, ya hablamos eso –le dijo vehementemente el señor presidente-. Tienes que hacer un esfuerzo, por el bien del partido. Este gesto nos dará el impulso definitivo para ganar las elecciones. Por cierto, hablando de elecciones, ¿a qué no sabéis que he soñado hoy? Os vais a reir. Atento a esto… disculpe no le he preguntado cómo se llama.
-Agustín –contesté.
-Pues escuche Agustín. Resulta que era el día de las elecciones y yo iba a votar tan feliz, con mi mujer, mis hijos… en fin, toda la parafernalia de fotógrafos, ya sabéis. Y de repente cuando voto y estoy saliendo del colegio electoral me doy cuenta de que he metido la papeleta equivocada. Imaginaos, yo volviendo a la urna pidiendo que me devuelvan la papeleta… ¡Un escándalo! ¿Cómo se pudo equivocar el señor presidente? Je, je… Ahora me rio pero en el sueño lo pasé fatal. Espero que no me pase el domingo…
-Twetea eso Charli, “el señor presidente sueña con que llegue el día de las elecciones”.
-Más aterrador fue el sueño que tuve yo hoy –dijo la responsable de agricultura.
-Cuéntenos, por favor –dije.
-Resulta que estaba comiendo y el postre era una manzana –prosiguió la responsable de agricultura sin mostrar ningún tipo de interés en mí, pero ya olvidando por completo el paisaje y centrándose en el resto de pasajeros-. A mí no me gustan las manzanas, eso fue lo primero raro en el sueño. Pero bueno, el caso es que fui a comérmela y cuando me doy cuenta la manzana, armada con una grapadora, la misma que tengo en mi despacho, se ha hecho fuerte en una esquina de la cocina. Voy directa al armario donde guardo la escoba para intentar echarla de allí pero me daba demasiado miedo acercarme a ella y no podía. ¿Pero sabéis qué era lo que más me aterraba?
-¿Qué? –dijo el señor presidente embobado y hablando por todos nosotros.
-Lo que más pánico me producía y lo que hizo despertarme fue imaginar como una manzana, llegado el momento en el que yo estuviese lo suficientemente cerca, podría accionar el mecanismo de una grapadora.
Todos quedamos en silencio ante el relato de la responsable de agricultura. Por fin yo me decidí a romperlo.
-Que te grapen debe doler.
-Ni que lo digas –contestó el guardaespaldas.
-¿Alguna vez le han grapado? –preguntó el señor presidente.
-Yo mismo cuando era pequeño, por probar… me grape un dedo. El médico dijo que por suerte no llegué al hueso.
El señor presidente abrió el maletín que llevaba a sus pies y extrajo una grapadora de color rojo. Puso su dedo índice dentro de ella como si fuera a grapárselo y todos esperamos expectantes unos segundos.
-¡Bravo! Yo no podría –dijo al fin.
Y volvió a guardar la grapadora.

martes, 31 de mayo de 2011

Veneno

Me gustaría pensar que lo maté porque descubrí que me era infiel con mi mejor amiga o porque quería heredar su valiosísima colección de vinos, pero no, no fue esa la razón. La razón era la estúpida competición que inventó para “hacer más interesante nuestro matrimonio”. El jueguecito era perfecto para él, que trabajaba como enólogo y se jactaba de ser uno de los mejores del mundo. Consistía en que yo le trajera un vino, cualquiera, cuanto más raro mejor, en una botella sin etiqueta y que él adivinase cual era. Intenté con todas mis fuerzas que fracasase, pero siempre acertaba la añada, la cosecha y si el que pisó las uvas en la vendimia tenía algún hongo en los pies. Pero lo malo no era que siempre lo adivinase, lo malo era que no sabía ganar. Me restregaba que yo era una perdedora y que en ocasiones incluso había intentado hacer trampa mezclando varios vinos en la misma botella (y él me decía todos y cada uno de ellos), otro día insistí en que no había acertado y él llevó el vino al laboratorio donde trabaja para analizarlo y demostrarme que yo estaba equivocada. Me sacaba de mis casillas escuchar sus ensordecedoras risotadas cada vez que ganaba.
El veneno era perfecto, incoloro, inodoro e insípido, además si al cadáver no se le hacía una autopsia muy a fondo todos los indicios apuntarían a una muerte natural por parada cardiaca. El jardinero, con el que llevaba años liada y que me había conseguido el material me hizo la última advertencia.
-¿Estás segura de lo que haces?
-Segurísima –le dije yo.
-¿Pero no es más fácil que te divorcies de él?
-No quiero divorciarme de él. Lo que quiero es darle una lección. Una lección que no olvidará jamás… entre otras cosas porque no le va a dar tiempo, la muerte es instantánea ¿no?
-A veces me das miedo Ana Cristina.
-Calla y bésame.
Supongo que aquel apasionado beso me ablandó el corazón y finalmente hice caso a sus últimas súplicas.
-Por favor Ana Cristina, no quiero ir a verte a la cárcel. Es un lugar tan frio, tan inhumano... Fíjate que no hay ni un mísero jardín. No seas insensata, aquí tienes un antídoto, por si al final te arrepientes, has de suministrárselo cinco minutos después de la ingesta del veneno- me dijo mientras clavaba sus ojos azules en mis ojos, luego brevemente en mi escote y luego otra vez en mis ojos.
-Está bien, me lo llevo también, pero no te prometo nada.
La competición la llevábamos a cabo los viernes por la noche, justo antes de hacer el amor. Él sentía más entusiasmo por la competición, lo cual era bastante triste, y yo sentía mucho más entusiasmo por hacer el amor, lo cual era más triste todavía. Compré para la ocasión un vino blanco de Burdeos ya que sabía que le tiene mucha tirria a ese tipo de vino.
-¿Estás preparada para otra derrota querida? –escuchaba desde el salón mientras yo vertía el veneno en el vino.
-¿Estás preparado tú para morir? –dije en voz baja.
-¿Qué?
-Nada, nada. Enseguida voy. Le estoy quitando la etiqueta a la botella –grité-.Vaya oído tiene el muy cabrón –volví a decir en voz baja.
-¿Qué? –escuché de nuevo desde el salón.
-¡Ya voy cariño!
Entré con la bandeja plateada donde se apoyaban la botella de vino y la copa. Y la dejé en la mesa. Mi marido me miraba con ojos expectantes y con una sonrisa maliciosa en los labios.
-A ver qué me tienes preparado hoy –dijo mientras le servía la copa-. ¿No será un vino de Burdeos? Ya sabes que los detesto.
-Tú pruébalo y ya me dices. Te vas a llevar una sorpresa.
-Ja, ja. ¿Crees que vas a ganar esta vez? ¡Si siempre pierdes! Trae acá –dijo cogiendo la copa.
Si por lo menos hubiera dicho otra cosa antes de morir me hubiera planteado darle el antídoto pero después de mover el vino, olerlo, catarlo, tomar el primer buche y quedarse pensativo durante un momento lo único que le dio tiempo decir antes de caer desplomado al suelo fue:
-Es un vino blanco de Burdeos, detestable, cosecha del 2007, concretamente es un merlot blanc. El veneno no podría decir cuál es, pero sí te puedo decir, por el regusto a tierra que te lo ha conseguido el jardinero y que, por siguiente, puedo deducir que sois amantes. ¡He vuelto a gan…

lunes, 23 de mayo de 2011

Mis abuelos

Ver un miércoles después de feria a una chica vestida con su traje de flamenca es bastante extraño. Tan solo hace una semana sería lo más normal del mundo pero ahora es como ver a alguien disfrazado. Al verla no sé por qué se me viene a la cabeza la imagen de mi abuelo, combatiente republicano, que se escondió en los montes de Málaga y vivió allí durante años sin saber que, desarmado y cautivo el ejército rojo, la guerra había terminado. Supongo que cuando lo encontraron debieron sentir algo parecido a cuando yo he visto a esa chica con el traje de flamenca un miércoles después de feria.
Cuando llego a casa me da por leer el diario de mi bisabuelo Eugenio, que mi familia guarda como oro en paño cual reliquia familiar que es. Las hojas están amarillentas pero todavía, abriéndolas con una pinza para que no se desquebrajen puedo repasar la romántica y emocionante historia de cómo se conocieron mis abuelos por parte de madre.

Arenas (Málaga). 14 de abril de 1941
Hoy es un día triste, trágico, funesto… todos los adjetivos que puedan imaginar. Mi hijita, la niña de mis ojos, mi pequeña Sofía, Sofiíta, ha muerto hoy. Contaba con tan solo 18 años. El médico del pueblo. Don Eusebio, no se explica esta muerte repentina ya que mi hija se encontraba perfectamente de salud. Simplemente su corazón dejó de latir, dijo. Ha sido un duro golpe para todo el pueblo, una muchacha tan joven… en la flor de la edad. Todo el pueblo ha asistido al funeral. Especialmente duro ha sido para el novio ya que justo un mes se habían prometido cuando él la espero escondido mientras ella iba a recoger agua al pozo y entonces él salió de entre los arbustos y le dijo “contigo me la garraspiño” y ella contesto “más merezco”. En fin, la típica historia de amor en este nuestro pequeño pueblo.
Mañana será el entierro, otro duro y amargo día.

Arenas (Málaga). 15 de abril de 1941
¡Ha sido un milagro! Mis rezos y plegarias surtieron su efecto. Estaban los muchachos del pueblo llevando el ataúd con el cuerpo de mi hija cuando de repente este se abrió y mi niña se incorporó. He de decir que fui el único que permaneció junto a mi desconcertada hija, el resto del pueblo huyó despavorido ante tan asombroso hecho. Fui corriendo a abrazarla y lloré de felicidad, ella en cambio no entendía la situación. Don Eusebio no se explica esta recuperación, o más bien resucitación repentina. Simplemente su corazón comenzó a latir de nuevo, dijo. Luego me explico que a veces esas cosas pasan, que a veces piensas que alguien está muerto y no lo está. ¡Qué se vaya al diablo! De solo pensar que casi enterramos a mi niña en vida… se me ponen los vellos de punta.
Sin embargo no todo es felicidad. Su novio, el cobarde de Valentín, es ahora el que no da señales de vida y al final del día hemos recibido una carta de su puño y letra en la que reniega de su compromiso con ella porque “al fin y al cabo nos íbamos a casar hasta que la muerte nos separe y ella ya se ha muerto”. Tampoco me hace mucha gracia el mote que le han puesto: “Sofiíta la muerta”.

Arenas (Málaga), 12 de mayo de 1941
Estos días están siendo duros. Aunque el pueblo parece haber aceptado ya el hecho de que mi hija ha resucitado, el mote y la estúpida patraña de que ella es una especie de bruja hace que la gente, y en especial los hombres, la rehúyan, precisamente ahora que es cuando más cariño necesita después de que Valentín la dejara de aquella manera. Por mucho que va a por agua al pozo ya ningún joven la asalta en el camino y le dice “contigo me la garraspiño”. Empiezo a pensar que, a no ser que nos marchemos del pueblo, mi hija nunca se casará. Pero al menos está viva.
Tampoco está siendo la cosa fácil en el cuartel. Desde hace unos meses a José, el cabrero, le están desapareciendo sus cabras y no tenemos ninguna pista (hasta hoy) de quién puede ser. Algunos dicen que es el chupacabras, otros que son los lobos y otros, más estúpidos, dicen que las está sacrificando mi hija al diablo para agradecerle el recobrar la vida. Por suerte José, el cabrero, vio anoche una sombra surgir del bosque y llevarse a una de sus cabras. Medía más de tres metros y era rápido y ágil como un gato, sin duda era el chupacabras, me dijo. Menos mal que he sido educado en el método científico. Que Dios y el cuerpo de la Guardia Civil al que pertenezco me perdone, pero bendita República…

Arenas (Málaga), 13 de mayo de 1941
Salimos por la mañana temprano. El bosque es denso y un mono puede atravesarlo de punta a punta sin bajar de un árbol, si es que hubiera monos. Quien sí viene conmigo es mi compañero Sebastián que parece un poco atemorizado por los rumores de que el chupacabras es el que está robando los pobres animalitos de José, el cabrero. De hecho esta mañana se hizo bastante el remolón diciendo que tenía mucho papeleo en el cuartel, que mejor que fuera yo solo. Sebastián, la Guardia Civil siempre va en pareja, cómo voy a ir yo solo, le dije, y ante ese argumento irrefutable no tuvo más remedio que acompañarme.
El bosque subía por una escarpada ladera. En algunos momentos teníamos que ir a cuatro patas para poder subir y, por mucho que agudizáramos los sentidos en busca de alguna pista, no hallábamos nada. Era cansado seguir subiendo y ya íbamos a abandonar la búsqueda cuando vi una cueva detrás de unos frondosos álamos cuya existencia desconocía. Le dije a Sebastián que echáramos un vistazo y el dijo que no se metí ahí ni loco. De todos es sabido que el chupacabras se esconde en cuevas, me dijo. Eso sí, se ofreció a cubrirme desde allí.
Cuando llegué a la entrada de la cueva descubrí algunas cosas importantes. Primero que la cueva no parecía profunda, segundo que allí vivía alguien y tercero que quien fuera que fuese era el ladrón de cabras, el olor a cabrito asado era inconfundible. Hice un gesto a Sebastián para que subiera conmigo y en ese momento descubrí que se había ido. Será cagón.
Esperé apostado detrás de una roca, recordando mis años mozos, y una vez salió el sospechoso quédeme enormemente sorprendido al descubrir a un muchacho joven, delgado y de aspecto harapiento vestido con el uniforme del ejército de la República. Salté sobre él y, aunque es mucho más joven que yo, el factor sorpresa y su debilidad acabó con su resistencia y pude reducirlo en pocos segundos.
Mientras lo trasladaba esposado al pueblo lo interrogué y mi sorpresa (y la suya) fue aún mayor cuando averigüé que el muchacho, llamado Zacarías, pensaba que todavía estábamos en guerra, no por locura, sino por desconocimiento de las noticias ya que se había despistado de su pelotón y se había ocultado en las montañas. Ya decía yo que últimamente se oían muy pocos disparos, dijo. Me dio bastante pena, sobre todo sabiendo lo que le podía ocurrir una vez tuvieran noticias las autoridades pertinentes, así que ideé un plan camino al pueblo…

Arenas (Málaga), 15 de julio de 1941
Hoy es la boda entre mi hija Sofía y Zacarías, el soldado republicano despistado. Tuve la suerte de que mi plan salió perfectamente y ambos se sintieron atraídos desde que él salió al encuentro de mi hija mientras iba al pozo por agua y le dijo “contigo me la garraspiño” y ella respondió “más merezco”. Fue algo difícil ocultar la identidad de Zacarías pero finalmente pude convencer a todos de que se trataba de un primo lejano de la familia. Le encontré trabajo en una panadería y pagamos a José, el cabrero, las cabras que había robado aquellos meses mediante sobres que le dejábamos en su buzón con el remite de “el chupacabras”. Ha sido divertidísimo ver su cara cada vez que encontraba un sobre de esos.
Te dejo de momento querido diario porque tengo muchas cosas que preparar. Solo espero que a partir de ahora le vaya muy bien a mi familia, que seamos felices y comamos cabrito y bebamos mucho vino dulce.
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