miércoles, 1 de septiembre de 2010

Respuesta de Sevici y contrarrespuesta

No lo esperaba pero el servicio de atención al cliente de Sevici ha contestado mi sugerencia (aunque creo que no se enteraron de nada). Aquí os dejo lo que me enviaron y mi contestación:

RESPUESTA DE SEVICI
Estimado Sr. Lara.:

Quisiéramos agradecerle que haya contactado con nosotros, así como la sugerencia que nos ha remitido.

Informarle que lo tendremos en cuenta en nuestras futuras actuaciones de mejora del servicio.

Además quisiéramos indicarle que el número 902011032 no está desactivado, sigue en funcionamiento y nuestros operadores atienden sus llamadas a la mayor brevedad posible.

Indicarle además que también pueden notificar sus incidencias vía mail

Si desea contactar con nuestro servicio de Atención al Cliente puede utilizar cualquiera de las modalidades:

• Teléfono 902 01 10 32
• Web: www.sevici.es

Reciba un cordial saludo:
Servicio de Atención al Cliente

Y aquí mi respuesta a su respuesta:


Estimados súbditos de Monsieur Decaux:
En primer lugar me gustaría agradecer su respuesta ya que no esperaba que Monsier Decaux se tomase las sugerencias de sus clientes en serio. Empiezo a pensar que la gran cantidad de riquezas que ha acumulado a lo largo de su vida no han sido fruto de la casualidad, sino de una política de empresa orientada al cliente. Así que, como decís, que se van a tomar en cuenta mis sugerencias, paso a aclararlas ya que creo que no la habéis entendido convenientemente.
En primer lugar soy consciente de que el teléfono de atención al cliente 902 no está desactivado, desgraciadamente para mí no me queda más remedio que comprobarlo una o dos veces a la semana. El que está desactivado es el número 954 516 885, de tarificación normal. Estoy seguro de que Monsier Decaux necesita el dinero que recauda de esa línea 902 para comprarse un nuevo rascador de espalda de marfil o el último cuadro abstracto de su pintor favorito para poner en el baño y pensar qué diablos significa mientras defeca, pero solicito que en vez de hacer esto reflexione un poco. ¿Es justo cobrar a los pobres clientes de Sevici porque no funcione bien el sistema de enganche de las bicicletas? Y puede reflexionar más todavía: ¿es justo poner un 902 a los ciudadanos de Sevilla, una ciudad que ha dado tanto a Monsier Decaux? Porque no hay que olvidar la publicidad gratuita que la ciudad de Sevilla da a JCDecaux todos los veranos, yo no paro de ver en todos los telediarios los termómetros marcando cerca de 50 grados de temperatura instalados por JCDecaux y que ya forman parte del paisaje sevillano. Son el objeto más fotografiado en verano en Sevilla, por delante de monumentos como la Giralda y la Torre del Oro juntos. Esa publicidad no tiene precio y sin embargo los sevillanos no le pasamos la correspondiente factura a Monsieur Decaux. Por otro lado saber que te cobran por un problema que ha generado su propia empresa es algo nada agradable, algo que te puede estropear el día aunque hayas comido tu comida favorita o te haya sonreído la chica que tanto te gusta.
En cuanto a las incidencias vía e-mail he constatado que no tardan menos de 1 semana en contestar y yo, que cojo la bicicleta casi todos los días para ir a trabajar, no puedo esperar tanto porque me despedirían. Si nos saltamos la ventaja que tiene internet (la inmediatez) por el forro quizás sería más provechoso volver al siglo XIX y rememorar el romanticismo que tiene el correo ordinario como se hace, por otra parte, para sacarte el abono Sevici. Posiblemente a Monsieur Decaux le apetece este sistema porque es como vivir en alguna de las novelas de Victor Hugo (especialmente "Los miserables") que seguro tanto le gustan.
Sin más me despido esperando de nuevo una respuesta. Atentamente: Zacarías Lara Peláez

viernes, 27 de agosto de 2010

Sugerencia que acabo de enviar a atención al cliente de Sevici

En estos tiempos de crisis nada más y nada menos que el señor Decaux, sí, ese que es propietario de la empresa JCDecaux, se le ha ocurrido desactivar el número no 902 que las pobres gentes de bien usábamos cuando una de esas maravillosas y toneladicas (puede que acabe de inventar esta palabra) bicicletas se enganchaba mal en la botoneta (esta palabra se la inventó el señor Decaux) y no te quedaba más remedio ya que según ellos “Usted tiene una bicicleta alquilada”.
Seguramente el señor Decaux, mientras realiza uno de esos largos matutinos en su inmensa piscina repleta de billetes de 500 €, no piensa en el esforzado padre de familia que, para ahorrarse unos cuantos euros y poder llegar a fin de mes, lleva a sus 7 hijos en bicicleta todas las mañanas (sí, es cierto, quizás debiera haber gastado algo más de dinero en preservativos), en Sevilla, con más de 40 grados a la sombra en verano… bueno, digamos que los lleva a las clases particulares porque sus hijos son unos mastuerzos y no aprobaron ni una. El caso es que a ese pobre hombre yo lo veo todas las mañanas llevando uno a uno a sus hijitos en las endebles cestas del “sevici”, 28 viajes ni más ni menos y no se puede permitir que en el 15º viaje, por poner, se enganche mal la bicicleta y, ala, tenga que llamar al 902. Menos mal que nuestro protagonista ya se sabe los números que hay que marcar una vez te sale la voz del contestador para conseguir hablar con una teleoperadora, pero aun así no puede evitar que al menos le tengan 5 minutos enganchado al teléfono “para verificar la incidencia”. Esto trae como consecuencia que a nuestro esforzado padre de familia, azotado por la crisis económica, reciba una kilométrica factura telefónica que sin duda le impedirá pagar la hipoteca, dejándolo desahuciado, dejándolo la mujer y dejándolo etcétera.
Tampoco piensa el señor Decaux en ese pobre adolescente sordomudo que va un día a una cita con una chica que conoció por internet y que acude con la esperanza de que esta no se dé cuenta de que no sabe hablar. El chico traza el plan de ir en bicicleta y entregarle una nota a la chica diciendo que esta tan exhausto por lo dura que estaba la bicicleta que no puede hablar. Pues como resulta que tiene que dejar la bici para no pasarse de la media hora, cuando va a volver a cogerla le dice que tiene una bicicleta alquilada y, créanme, es muy difícil para el chico sordomudo ponerse en contacto con ustedes en el 902. ¿Qué pasa al final? El chico no llega a su hora a la cita y la chica ya se ha ido con otro tipo más alto y guapo (casi tanto como el señor Decaux) y que encima sabe hablar 3 idiomas.
Mi proposición es que el señor Decaux debería pensar menos en su cuenta corriente, ya bastante abultada y pensar un poco más en los pobres y esforzados ciudadanos que diariamente usamos el “servicio” de Sevici, proporcionar un número, si no gratuito, sí de tarificación normal y otras formas de comunicar la incidencia que no sea la telefónica. Señor Decaux, ¡estamos en el siglo XXI! Ya pasó de moda esa forma de llevar la empresa en el que el único propósito es sacar hasta el último céntimo al cliente. Lea usted a los filósofos orientales: el dinelo no da la felicidad, hacel felices a los demás sí.
Un saludo: Zacarías Lara Peláez

miércoles, 25 de agosto de 2010

El fin de la humanidad

Después de la guerra nuclear solo quedamos ella y yo.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Primer microrelato de terror

¡Buh!

jueves, 12 de agosto de 2010

Curiosidad en convenio colectivo

He encontrado esta curiosa cláusula en el convenio colectivo provincial del sector de científicos locos, la cual refleja la capacidad de estos documentos para adaptarse a cualquier circunstancia laboral. Dice así:

“El personal podrá ausentarse del trabajo con derecho a remuneración (permiso retribuido) durante tres días naturales en caso de fallecimiento de parientes hasta segundo grado de consanguinidad o afinidad. En el caso de que el trabajador viaje por el espacio a mayor velocidad de la luz, volviendo atrás en el tiempo y asesine a alguno de sus ascendentes antes de que el trabajador nazca, tendrá derecho a una paradoja retribuida.”

sábado, 7 de agosto de 2010

...y 3

Tu risa, mujer a la que siempre odié, suena a ratas muertas.

El insomnio del escritor

El escritor se dio cuenta de que, a medida que mejoraba su técnica para escribir microrelatos, sus sueños se hacían más y más cortos, lo cual le llevaba a permanecer en vela la mayor parte de la noche. A veces me despierto sobresaltado soñando que me pasa a mí eso mismo y luego ya no puedo dormir.
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